
Ciudad de México a 29 de abril.– Con tono institucional y rostro de preocupada por el pueblo, la senadora de Morena por Chihuahua, Andrea Chávez Treviño, salió este martes a presumir que sostuvo una “reunión productiva” con el Dr. Víctor Hugo Pérez, gerente nacional de Abasto Social de LICONSA. El motivo: hablar de los problemas del sector lechero en Chihuahua y en el país. ¿El detalle? Que los mismos problemas que señala, vienen generados por el gobierno que ella representa.
Chávez, con su clásico estilo de “todo está mal pero nosotros lo vamos a arreglar”, se aventó un discurso que bien podría aplicar cualquier oposición: habló de la grave sequía, el encarecimiento de los insumos, la falta de apoyos y hasta se desvivió por destacar que los productores lecheros están batallando “como nunca”. Nada nuevo… salvo que los que llevan cinco años recortando apoyos al campo son su propio partido y su gobierno.
Y sí, la senadora destacó que LICONSA es clave en la lucha contra la malnutrición y la inseguridad alimentaria —como si el recorte al presupuesto del programa y la falta de pago oportuno a los productores no estuvieran ocurriendo—. Mientras tanto, los ganaderos no ven claro el respaldo federal que tantas veces se promete y nunca aterriza.
Chávez intentó adornar el encuentro con palabras bonitas: “El trabajo coordinado es clave”, dijo, mientras el campo mexicano literalmente se seca ante la mirada impasible de la Federación, que ha brillado por su ausencia en políticas agropecuarias serias.
En Chihuahua, más de 100 mil personas dependen de LICONSA, algo que la senadora subraya como si fuera un logro propio. Lo cierto es que lo que se presume como beneficio está cada vez más en riesgo por la falta de planeación y recursos, precisamente de un gobierno federal al que ella defiende sin titubeos.
Y mientras Andrea Chávez sigue montada en la narrativa de “soy tu voz en el Senado”, lo cierto es que los reclamos que lleva —cuando los lleva— son a la misma casa que le dio la candidatura, la curul y las giras pagadas.
Así que no se confunda: no es rebeldía ni defensa del pueblo. Es control de daños. Un intento desesperado de no perder la cara mientras las contradicciones le estallan como botellas de leche agria en manos de los verdaderos afectados: los productores y las familias del campo.